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La verdad del escritor William T. Vollmann

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2013 está a punto de acabar. 1995 acabó pero dieciocho años después cae en mis manos un Quimera, el número 142, noviembre, 600 pesetas. Esto es emoción y lo demás, poesía.

La revista me la regala Peternews. Peternews trabaja en una librería de un Madrid cualquiera aunque va a Londres a comprar libros. Peternews sabe más de literatura que todos los nacidos en los años setenta, ochenta y noventa juntos porque Peter es del sesenta y ocho, o sesenta y nueve. Pero eso da lo mismo porque Peter es generoso. Y escribo que Peternews es generoso porque le presté —me quitó— el libro de Vollmann antes de que lo hubiese acabado pero hoy me lo devuelve con un adjunto que resulta ser un archivo de papel. Es el Quimera que contiene la entrevista realizada por Noemí Bibolas a W. T. Vollmann titulada Para un público no organizado. Estamos en 1995.

Esto es emoción y lo demás, poesía.

En ella se entrevista a un Vollmann de treinta y seis años. Joven. Entrevista que delata que Vollmann trabaja solo para él, y que sin vergüenzas contesta cuando Noemí le pregunta que cuál cree que es su público:

No lo sé. No me preocupa demasiado lo que piense la gente. En América la mayoría de la gente no lee. Si compran mis libros y me ayudan, bien, pero si no lo hacen no me enojo. Escribo para mí. Intento escribir algo que sea bueno y si alguien cree que lo es, perfecto, me hace feliz. De todas formas creo que hay dos tipos de gentes a quienes interesan mis libros. Por un lado está la gente joven, a quienes les gustan mis descripciones de grupos marginados. Y por otro, está la gente mayor, gente que ha leído autores ya fallecidos, autores que han escrito mejor que la mayoría de los que ahora están vivos.

Sigamos.

Vollmann relata que el punto de partida de su ficción son sus viajes regados con imaginación y erudición. Y erudición, subrayo. Subrayamos erudición porque cada vez hay menos autores —gente en general— que son eruditos. La gente en general está informada pero no es erudita. Pero como este inciso no me lleva a ninguna parte, lo abandono y prosigo.

A Vollmann siempre lo relacionan con los generales del Metafictional Writers; así David Foster Wallace —eran amigos—, así Richard Powers y así la dama Susan Daitch, que ninguna de las dos mil quinientas diecisiete editoriales que facturan en España la han traducido aún. Tampoco he leído nada de Richard y Susan por lo que es obligatorio buscar en en Amazon y en Iberlibro con Melchor y Gaspar. También quieren relacionar a Vollmann con los del otro bando, con los del bando de la Transgressive fiction donde Catherine Texier, Joel Rose y Dennis Cooper son los jefes. Vollmann evita incluirse en ninguno de los dos grupos respondiendo que Lautréamont, Lautréamont… y hace la rima:

Pero creo que es más importante lo que hace alguien que saber a qué movimiento pertenece. Cuando leí por primera vez a Lautréamont, sus Cantos de Maldoror, me pareció un libro maravilloso y aprendí mucho de él. Para mí no es muy importante saber si Lautréamont pertenecía o no a los decadentistas. Y si tuviera que emparentarme con algún movimiento o con alguien, diría que he aprendido mucho de Galdós, porque cuenta una historia, describe los cambios en el corazón de la gente, es muy bueno en los diálogos, es una persona muy real, muy realista. Creo que es un escritor maravilloso. Lorca también ha sido uno de los escritores que más me ha enseñado. Puedes leer formalmente un poema de Lorca y apreciar su belleza aunque en un primer momento no llegues a comprenderlo.

Esto es emoción y lo demás, poesía.

Vollmann odia los grupos, teme a las organizaciones y huye de los borregos pastoreados por otro borrego listo apodado el Listo. Todo esto es odiado por Vollmann (voz pasiva).

Así que tuve una experiencia con un grupo de skins en San Francisco, se llaman SS nazi skins. Los conocí a través de un amigo que es fotógrafo callejero. Él les había hecho muchas fotos, y yo hablé con ellos, me contaron sus historias. Son como cualquier otra persona. Si solo piensas en las cosas negativas que hacen nunca les comprenderás. En cambio si te preguntas por qué lo hacen, quizás llegues a comprenderles. Muchos de los que yo conocí procedían de familias rotas, no tenían padres, o no les querían. Si hablas con uno de ellos resulta una persona agradable. El problema surge cuando se juntan. Pero eso ocurre con todos los seres humanos. Esa es otra razón por la que tengo miedo a las organizaciones. Me gustan casi todas la personas como individuos, pero cuando juntas un grupo es cuando empiezan los problemas.

Esto es emoción y lo demás, poesía (de Lorca).

La entrevista sigue, prosigue, habla de sus primeros libros traducidos en España. Habla de la crítica literaria, habla de traducción y responde que él no es un postmodern experimentalist.

¿Hay gente que me considera como tal? Bueno, que piensen lo que quieran. Pero creo que soy un reaccionario. Porque me tomo el tiempo necesario para hacer las frases lo más perfectas posible. Intento escribir lo mejor que puedo. Me interesa mucho la caracterización de los personajes, lo cual es más propio de la literatura clásica. A la mayoría de los postmodernos les interesa más las “situaciones”. Les interesa describir un contexto determinado, como testimonio de una época. Yo creo que la gente es muy interesante. Cuanto más viajo y más gente veo más me interesa conocerles y describir cómo son. Me gusta narrar los cambios en la gente. Lo único experimental en mí es que intento aprender de los poetas y escribir bien. Creo que esto es experimental porque ahora la gente es demasiado perezosa para trabajar en esta dirección.

La diversificación cultural, sus Historias del mariposa, AngelsGloria. Que si raptó a una niña de un prostíbulo y la llevó a la escuela y ahora vive en su pueblo y en su casa. Que si hay mujeres que quieren hacerlo, mujeres de entre 20 y 30 años, casadas, que necesitan dinero, que les gusta salir y divertirse y que él no va de misionero determinando qué es bueno para unos y qué malo para otros. Vollmann reincide en la expresión: ¡las organizaciones son peligrosas! Amén.

Y de los americanos también habla cuando Noemí le pregunta cuáles cree él que son las nuevas tendencias en la literatura norteamericana. Y ojo, que estamos en 1995. Derrida me suena y Foucault también, Anta.

Escribir libros cortos, estar seducido por los medios de comunicación electrónicos. Libros cada vez peores, porque los americanos no tienen tiempo para leer y se trata de hacer cosas fáciles y atractivas, productos de ordenador. Creo que el stablishment académico norteamericano es el responsable de esta situación. Al principio, cuando empezaron a copiar cierta teoría literaria francesa, a gente como Derrida y Foucault, llegaron a desarrollar ideas muy interesantes, pero después, durante los años 70 y 80, quisieron utilizar este discurso para describir todo tipo de literatura, y el resultado es que si no eres un crítico literario no puedes entender la terminología de la crítica, utilizan palabras como deconstrucción… Y muchos jóvenes escritores procedentes de este ambiente también empezaron a creer que hay que escribir para un grupo de gente reducido, que hay que ser muy bueno en una determinada línea, sin dar importancia al hecho de que mucha gente no pueda entender tus propósitos. Yo creo que esto no es bueno. Soy consciente de que mis libros son difíciles y de que a veces los temas resultan desagradables. Mis libros no gustan a mucha gente, de acuerdo, pero creo que, con la ayuda de un diccionario, se pueden leer. A veces es muy fácil escribir siguiendo la moda académica, pero creo que es un error hacerlo.

Y esto es emoción y verdad y lo demás, poesía.

La entrevista la tengo en casa. Estoy sin escáner pero quien la desee, puedo fotocopiársela si me envía a mi dirección electrónica (blumm(&)lamaniadeleer.com) su dirección postal. El libro que editó Pálido Fuego todavía no lo he terminado y no lo presto hasta que lo acabe. Está aquí a vuestra disposición y en la librería de vuestro barrio en el rincón de literatura extranjera que no es mierda de bestseller. No hablaré más del libro pero sí escribiré sobre él para mí, como hace Vollmann. Creo que lo necesito. Ahora, en este momento tan arcoíris de emoción y de verdad, de poesía y gravedad, de reacción Tizón.

Buenas noches.

Actualización del 8 de abril de 2014

Debido a que no gano para sellos y sobres, he decidido subir la entrevista que le hicieron a Vollmann y que publicó Quimera en su número 142 en noviembre de 1995 (no supera el 10% del total de la revista –doy fe–). Disfruten: Entrevista a Vollmann.

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