Sobre Zama, de Di Benedetto

Leí Zama. El 15 de enero de 2017 terminé de leer la novela. Tenía este texto medio pergeñado en una nota de Evernote. Y me gustó tanto Zama que aprendí a buscar con atajos de teclado en las tiendas de libros de segunda mano una edición que me sugirió un escritor en Twitter: la de El Aleph Editores. La busqué y la encontré y no me resultó cara para lo que me ofrecía: las tres obras maestras de Antonio Di Benedetto en un solo volumen: Zama, El silenciero y Los suicidas. Si vienes a casa te la enseño.
Es la llamada trilogía de la espera. Y si bien dicho título se encarna en Zama, me cuesta distinguir la espera en El silenciero, por ejemplo, pero no en la última de la trilogía, en Los suicidas.
Leí Zama en la edición de Alfaguara de 1986 y las dos restantes, El silencio y Los suicidas en la de El Aleph Editores, de 2011.
Me pareció muy buena la descripción que hizo Chejfec sobre Zama en el epílogo del libro de El Aleph. Yo no sirvo para escribir reseñas. Así, de esta magistral manera, resume Chejfec Zama, o esa pequeña obra maestra de Antonio de Di Benedetto que te animo a que leas cuanto antes, en cuanto puedas. Cuanto antes, cuando puedas.
«Lo cierto es que Zama es una pieza en cierto modo solipsista, fuera del tiempo, que habla sobre la memoria inútil, el pasado colonial irresuelto de nuestros países y la naturaleza convertida en trauma. Las frases breves y conmovedoramente elocuentes ubican a esta escritura en las antípodas de la exuberancia declamatoria del realismo mágico. Pero esto, que obviamente no fue garantía de legibilidad, ni obviamente de visibilidad, tampoco podía hacer a esta novela más asertiva. Una de sus enseñanzas más perdurables es que la naturaleza no tiene modelos prefabricados. Puede ser muda, cruel y desolada al mismo tiempo aunque parezca lo contrario. Di Benedetto hace hablar esa mudez y esa desolación con otro idioma. Un idioma resistente, que formula y queda sin formular; que no se ha revelado del todo y acaso no se revele —porque en definitiva es un error pensar que para eso existe la literatura. La literatura habla, cuando tiene la oportunidad, del problema y de la revelación, pero no los descubre.»
Ayer me enteré por un retuit de Javier Avilés de que Lucrecia Martel ha dirigido una película basada en Zama. El tráiler es este, donde apenas reconozco nada. Solo un hombre esperando en una playa…: