Con una bolsa llena de manuscritos sobre los hombros

CON UNA BOLSA LLENA DE LIBROS SOBRE LOS HOMBROS sigo dibujando mi particular mapa de lecturas. El libro de hoy es el trigésimo de 2017 de dicho mapa. Me gustaría escribir algún día sobre los mapas de lecturas, para qué sirven y cómo los configuro.

No sé en qué momento de mi adolescencia o juventud leí Las almas muertas, de Gógol, esa historia en la que un pequeño terrateniente se dedica a comprar campesinos muertos para registrarlos como vivos y conseguir así las tierras que se concedían a aquellos que poseyeran un cierto número de siervos. No recuerdo cuando la leí pero sí recuerdo que fue una lectura contemporánea a El idiota, de Dostoievski.

img_20170304_123912Ayer sábado, muy lluvioso en Jaén, visité durante casi dos horas la librería Metrópolis. Allí me topé, en uno de mis rincones favoritos, con Las almas muertas de Gógol (Nórdica Libros, 2017). Había visto alguna imagen de esa edición en Twitter o en Instagram y tengo que reconocer que divisarlo tuvo algo de flechazo. Estaba junto al Almas muertas de Akal. Lo tomé del estante y, aunque solo pude ojear su contra, porque estaba retractilado —moda que no me gusta—, me lo llevé. Quería releer Las almas muertas y esta edición traducida por Marta Rebón e ilustrada por Alberto Gamón me lo ponía fácil. Es una auténtica joya de libro y de edición, compuesta en tipos Bembo 11,4/14 sobre papel offset Munken Lynx de 135 grs y que se acabó de imprimir en Madrid el día 10 de febrero de 2017, aniversario del fallecimiento de Aleksandr Pushkin. Estas adendas editoriales se prodigan cada vez más y para los que amamos los libros, son pequeñas golosinas que añaden valor al libro que hemos decidido comprar. Estas adendas las busco en cada libro que compro porque suele ser, en toda ocasión, la diferencia entre el libro y «otros libros»; detalles que para mí empiezan a ser esenciales. El remate de estas buenas prácticas editoriales, que el libro de Nórdica no incluye, por cierto, es descubrir en la página de derechos, el exlibris, como sí lo hace el segundo título de hoy, Almas rotas, de Nikos Kazantzakis, que fue el libro y la causa primera de que adquiriese la edición de Las almas muertas de la editorial Nórdica sin apenas dudas. Pero… ¿por qué?

img_20170305_165951Hace unos quince días (16 de febrero) terminé de leer Almas rotas, de Nikos Kazantzakis (Ginger Ape Books, 2016). Otro cuidadísimo título y edición que mereces tener en tu biblioteca. Magnífica. Os la recomiendo. Con un anexo originalísimo que incluye un catálogo de neologismos espectacular (hasta se referencia el que Agustín García Calvo ideó para la traducción de La Ilíada). Si saco tiempo escribiré sobre este libro de Kazantzakis. Pues bien, al final de ese título aparecen tres anexos, dos de los cuales están firmados por el mismo Kazantzakis. El segundo, titulado Historia de la literatura rusa, Kazantzakis describe con tanta artimaña la obra de Gógol, que despierta mi interés por releerlo. Así de sencillo, así me lleva un libro a otro, una lectura a una relectura. Todo cuadró ayer, sábado lluvioso en Jaén. Y más cuando comprobé quién lo traducía: Marta Rebón. Me importa quién traduce lo que leo, quien trabaja el texto original y qué pasión le imagino que podría echarle al asunto. Es muy importante el traductor, la traductora y su pasión. Para mí cada día más. Es la manía que tengo cuando decido leer jamón.

El anexo al que me refiero, ese anexo escrito por Kazantzakis, fue el origen de que quisiera releer esta obra maestra de la literatura rusa. Lo que no sé es cuándo entrará en cola de lectura pero la decisión de leerla está tomada y el libro comprado. Os dejo con él y confirmadme, por favor, si no os motiva, después de leerlo, releer Las almas muertas, de Gógol. Disfrutad con este texto, cortesía de la editorial Ginger Ape Books (¡gracias!):

«HISTORIA DE LA LITERATURA RUSA por Nikos Kazantzakis44

“¡Dios mío, cuán triste es nuestra Rusia!”, exclamó Pushkin cuando leyó Almas muertas. Gógol se preocupa. Su entusiasmo comienza a turbarse por haber mostrado de una manera tan terrorífica el rostro de la Sagrada Rusia. Lucha ahora por concluir su obra. Quiere mostrar que Rusia no solo tiene tales almas muertas, sino también buenas, llenas de vida y que en el futuro dará a luz incluso mejores. Tiene la ambición de componer una epopeya humana completa y presentar una segunda parte de su obra, Almas resucitadas, en la tercera, Almas despiertas [sic]. Escribió la primera parte, el Infierno. Ahora el alma debe ascender desde las oscuras profundidades hasta la débil luz del Purgatorio de la vida y desde aquí hasta la limpísima luz de Dios.

Gógol lucha desesperadamente por completar su obra, por presentar a seres humanos con grandes virtudes. Una extraordinaria heroína, todo sacrificio y nobleza; toda la riqueza de la Sagrada Rusia. Pero no puede. La fuerza creadora de Gógol era limitada. Genial cuando reflejaba profundamente, hasta la caricatura, la realidad, era incapaz de crear tipos éticos más elevados en su obra. Se arrepiente de todo lo que ha escrito hasta entonces. Intenta dar un valor simbólico a cada héroe creado, queriendo así excusarse por haberles dado vida sobre el papel. El verdadero inspector es el juez eterno. El falso inspector, Jlestiánof, es la conciencia ligera del hombre que engaña. Los funcionarios son nuestras maldades y sufrimientos…

No puede avanzar hasta la culminación de Almas muertas. La interrumpe. Reúne y publica fragmentos selectos de la correspondencia con amigos. Aparece ya la trágica evolución que adquirió el alma de Gógol. Para salvarnos, proclama, hemos de someternos a las órdenes de la Iglesia Ortodoxa Oriental. Cada idea que viene de Occidente es obra de Satanás. Toda modernidad es pecado. Nos lleva al escepticisimo y a la arrogancia. Solo la ortodoxia y la monarquía absoluta nos salvarán. La esclavitud es una institución divina. Gracias a ella, el señor y el esclavo pueden convertirse en verdaderos cristianos.

La impresión que causó este oscuro libro en los círculos intelectuales rusos fue extraordinaria, dolorosísima. Toda la juventud se indignó. Belinski, el gran admirador de Gógol, escribió una carta de lo más violenta al escritor, en la que lo denominaba “apóstol del látigo y de la ignorancia, defensor de la oscuridad”. Gógol no le respondió. Su mente se degradaba cada vez más y se perdía en una psicopatía religiosa. Reunió todos sus libros y manuscritos. Los quemó. Mientras tanto, se dejó morir de hambre. Repartió entre los pobres la escasa pensión que recibía del Gobierno. Se puso en marcha. Se dirigió en peregrinación a Jerusalén (1848). Regresó a Rusia trastornado. Durante cuatro años deambuló de ciudad en ciudad, de casa en casa, cual mendigo, con una bolsa llena de manuscritos sobre los hombros.

Uno de los contemporáneos nos da la imagen de Gógol: “Era de baja estatura, estevado, harapiento, con una nariz enorme, de lo más extraña, con un gran rizo sobre la frente”. Tenía, como dijo Turguéniev, la fisonomía de una zorro.

Gógol no volvió a escribir. Quemó todos sus manuscritos que le quedaban, sobre todo la segunda parte de Almas muertas, casi concluida. Con la excusa de que quería prepararse para comulgar, se negó a tomar alimento alguno. El conde Alexis Tolstói le ofreció asilo en su casa de Moscú. Intentaron alimentarlo a la fuerza. Pero Gógol ya no quería vivir. Un día lo hallaron muerto, exhausto a causa de las oraciones y el ayuno, frente a los iconos sagrados.

El jovial y melancólico, como lo llamaba Pushkin, el gran satírico de Rusia, que aunó con tanta profundidad el quejido y la risa, murió sin poder completar su obra más importante. Misterioso, encerrado en sí mismo, receloso fanático, constituye la antítesis absoluta de Pushkin, lleno de luz, abierto a todas las corrientes espirituales, equilibrado.

Sin embargo, lo que consiguió dejarnos permanece intacto en el tiempo. “Cada obra de Gógol”, dice Belinski, “es simple y verdadera. Su tema, el acostumbrado. Su argumento, sin importancia. Los hechos, cotidianos. Pero son exactamente los distintivos del gran creador. Es la poesía verdadera, la poesía de la vida cotidiana. Gógol describe a un ser humano simple, ordinario y, sin embargo, en esta descripción, se halla todo el pasado, el presente y el futuro de la humanidad”».

44Tal y como explica el propio Kazantzakis en el epílogo de Almas rotas incluido en esta edición, la intención original del autor fue que dicha obra constituyera la primera parte de una trilogía que a la postre nunca llegó a completar. Por su similitud con el proyecto de Gógol, en el que Almas muertas conformaba la primera de una terna de novelas, y por su analogía con el devenir del propio Orestis, personaje principal de Almas rotas, que arroja fuego (como hiciera Gógol con la continuación de Almas muertas) su obra magna Nuevo Testamento, hemos creído conveniente reproducir estas páginas del cretense referidas al escritor ruso [N. del E.].

taken-bybernarlouis

Las fichas editoriales de los libros citados en esta entrada son las siguientes, por si se te ocurre, ocurra lo que ocurra, leerlos:

Aquí el vídeo de la editorial con las ilustraciones que contiene el libro:


*Este blog tiene canal en Telegram. Puedes suscribirte para no perderte ninguna entrada, leerlo en el metro o en el autobús, o quizás mientras estás esperando a que te traigan un café o ¿por qué no consultar este blog en una librería?: t.me/lamaniadeleer